Del mismo lado del mostrador

by barandiaran 1. junio 2009 17:49
Pymes

¿Por qué será que la palabra “consumidor” suena tan mal?.  Algunos me han preguntado por qué utilizo esta palabra cuando se puede utilizar la de “cliente” que resulta mucho más elegante y menos agresiva.  Parece ser que si digo que quienes compran nuestros productos o pagan por nuestros servicios son “consumidores” estoy enfatizando una relación, en general, ríspida, incómoda o conflictiva.  El “cliente” es más conformista y agradecido, el “consumidor” más estricto y exigente.  Pero no debemos olvidar ambas palabras refieren a la misma persona.  Y es aquella a la que está dirigido el esfuerzo que, día a día,  volcamos en nuestros negocios.  La que está dispuesta a pagar por lo que ofrecemos.  Puede ser una persona, u otra empresa grande o pequeña.  Eso no importa.  Lo importante es que se trata del destinatario de nuestro trabajo y de aquél cuya opinión nos dejará dentro o fuera del mercado.

 

Las grandes empresas han empezado a tomar conciencia de los consumidores.  Los bancos internacionales, por ejemplo, han creado figuras dentro de sus corporaciones encargadas de servir como interlocutores de los problemas de sus clientes.  Les llaman “ombudsman corporativos” o “defensores del cliente”, aunque su nombre no importa.  La empresa española de comunicaciones Telefónica acaba de ser de las primeras que, en su país, creó un órgano similar para atender las quejas de sus usuarios.  Y en nuestro país, la primera empresa en decidir la creación de un órgano similar fue Antel que, aunque no ha avanzado en su instalación efectiva aún, seguramente la instrumentará a la brevedad.

 

Pero este tema se viene y no es patrimonio exclusivo de las grandes empresas.  Reconozco que no es fácil para quien está a cargo de una PYME tener que lidiar con alguien que está fuera de la empresa pero que se siente con derecho a exigir calidad en nuestros productos o servicios, fechas de vencimiento, exhibición de precios, y un largo etcétera.  Y todo esto lo debemos afrontar nosotros mismos,  sin la cobertura que nos da el tamaño de una empresa de comunicaciones, o una institución financiera, que se pueden dar el lujo de tener personal especializado en estos menesteres  Pero si reflexionamos un poco tendremos en ese cliente un aliado, con el que podemos aumentar nuestros negocios.  El tamaño puede trasformarse en una ventaja si somos lo suficientemente sensibles como para captar necesidades no satisfechas, nuevas ideas de negocios, o mejores formas de hacer las cosas. 

 

El avance del paradigma “desde el consumidor” ha sido lento pero constante a lo largo del siglo XX.   Sustituyó una forma de ver los negocios “desde la oferta”, esto es, desde aquellos que se dedicaban a la producción. Cosas como el qué producir, el cómo hacerlo, y todo lo relacionado con el producto, era resuelto por los propios productores.  La frase que define con claridad este concepto, es la que dijo Henry Ford a propósito del color de sus famosos autos: “Yo vendo autos de todos los colores – afirmó – siempre que me pidan negro”.  Obviamente, negro era el único color que producía.  Esta frase recogió con claridad que no había algo llamado “libre elección del comprador”, sino que la economía estaba basada en un “tómelo o déjelo” – o, en este caso,  si querés un auto, pedilo negro! -. Y las cosas funcionaron muy bien pero un corto período de tiempo.

 

A medida que la economía mundial se crecía y se desarrollaba la situación fue cambiando y haciéndose más compleja.  Las personas que se dedicaban a la producción, los servicios y al comercio aumentaron considerablemente.  Ya no era posible controlar todos los bienes que se intercambiaban en la sociedad. El qué y el cómo ya no eran tan fáciles de contestar.  La situación era explosiva, hasta que ocurrió lo inevitable.

 

En la década del 50 surgió en EEUU y Canadá un medicamento llamado Talidomida, muy eficaz para aliviar algunos síntomas molestos en el embarazo.  El remedio había sido testeado por el laboratorio encargado de producirlo, y por el organismo de contralor correspondiente, resultando que no implicaba ningún riesgo para las mujeres que lo consumían.  Nadie pareció sospechar que, a través de la placenta, podía afectar al niño.  Miles de ellos nacieron sin sus extremidades desarrolladas mientras el estupor dominó a toda la sociedad.  Había que hacer algo.  El paradigma “desde la oferta” se había mostrado incapaz de proveer a sus destinatarios del bien más preciado:  la seguridad.

 

A principios de la década del 60,  John F. Kennedy dirige una nota al Congreso de su país estableciendo los derechos básicos de los consumidores.  La seguridad, la información, la libertad de elección empiezan a ser las nuevas bases de relacionamiento entre ciudadanos.  Como diría Zigmund Bauman, en el curso del siglo finalizado recientemente, pasamos de una sociedad de productores a otra de consumidores.  Este cambio de paradigma revolucionó todo. Obviamente, en países periféricos – como el nuestro – estos cambios demoraron décadas en alcanzar nuestras costas.  Pero el proceso es irreversible.

 

¿Debemos estar alarmados?  Por supuesto que no.  Para nada!.  Contrariamente, como dijimos antes, esto es una fuente de oportunidades.  Pero debemos conocer el marco en que se desarrollan las relaciones emergentes de la actividad comercial y ciudadana, las que se denominan como de “relaciones de consumo”.  Muchos libritos han quedado desactualizados.  Si alguien mira a sus clientes como un terreno a conquistar, como a alguien que tiene “nuestro dinero en sus bolsillos”, como al enemigo cuyo interés se contrapone al nuestro, se equivoca.  Debemos tomar conciencia que nosotros y nuestros clientes estamos del mismo lado del mostrador.  En los siguientes números de “ACTITUD EMPRENDEDORA” iremos analizando diferentes aspectos de esta temática.  Para algunos esto implicará un desafío, pero seguramente tendrá su recompensa.

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Opiniones con firma

Las licencias de software son un fraude total. Todo forma parte de un juego que el consumidor, desafortunadamente, nunca ganará en tanto lo siga tolerando. No veo que eso vaya a cambiar pronto.

John C. Dvorak (PC Magazine)

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Según las pruebas de tensión realizadas por el Banco Central (BCU) para el sistema financiero uruguayo al cierre del último año (...) una hipotética caída del nivel de actividad superior a la provocada por la crisis de 2002, acompañada por un debilitamiento de la moneda local y una caída de los rendimientos en los títulos domésticos no comprometería el sistema financiero uruguayo.

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